martes, 20 de enero de 2026

La IA y la creatividad literaria, ¿aliados o enemigos?

En este artículo, analizo el papel que puede desempeñar la IA en la creación literaria. Es un tema en el que tengo experiencia real, ya que decidí utilizar varios programas de IA generativa, como ChatGPT o Copilot, para ayudarme a escribir mi último libro de cuentos, Relatos con inteligencia (artificial)

En mi caso, no utilicé la IA para proponer ideas, ya que tenía muchas que nunca había incluido en mis anteriores trabajos (el libro mencionado lo componen 23 relatos). Sí que la empleé para generar borradores que luego reescribí en profundidad. Creo que me ha resultado provechoso. Uno de los aspectos más complicados de la escritura es revisar tus textos, ya que cuesta dilucidar el comedimiento o el exceso. Al disponer de borradores creados por IA, me fue más sencillo “desmontar” esos textos y mejorarlos. Por supuesto, esto no elimina la necesidad de revisarlos a posteriori, pero considero que contribuyó de forma positiva al proceso creativo. 

No obstante, este es solo uno de los usos posibles de la IA generativa. También puede servir para romper bloqueos creativos, explorar variaciones de estilo y tono, ayudar en procesos de documentación o revisar cuestiones gramaticales. Su utilidad es reseñable, máxime si hablamos de un libro autoeditado, donde el autor no cuenta con un equipo editorial a sus espaldas.    

¿Cuál es el mayor peligro? En mi opinión, delegar en la IA la parte más creativa. Recuerdo que ChatGPT se empeñaba en dar un final feliz a casi todos los relatos, y también en contar una especie de moraleja, algo muy alejado de mis intenciones como escritor. Estos programas tienden a homogeneizar estilos y carecen de verdadera originalidad. 

Si queremos escribir (y leer) textos auténticos, el autor debe ser siempre quien decida su forma final. Por potente que sea un modelo de IA, no piensa por sí mismo, no tiene emociones ni vive experiencias. Por tanto, no puede aportar la visión personal o el riesgo artístico que definen a la buena literatura

En conclusión, la IA no sustituye el talento humano. Sin embargo, bien utilizada puede ser un asistente útil en la creación literaria.


domingo, 14 de diciembre de 2025

Una realidad inesperada

         

El sol se filtra a través de las persianas y pinta sorprendentes líneas de luz en mi estudio. De nuevo estoy sentado frente a mi máquina de escribir, cuyas teclas responden con fidelidad pese al desgaste de los años. Decido tomarme un pequeño descanso y voy a la cocina. Observo a mi mujer, que se está preparando un té cuyo aroma de menta se arremolina entre los muebles. Sus pensamientos son como hojas sueltas que yo recojo al viento: qué tal irá el día en el trabajo, planes para el fin de semana, un toque de nostalgia de la juventud.

No le digo nada y voy al salón principal. Mis hijos viven en sus propios mundos de plácidos conflictos. Cada risa y cada gesto es una partitura que se despliega ante mis ojos. Mi hija sueña con ser astronauta, al menos desde que vio un documental hace unos días. A mi hijo le fascinan la pintura y la música, y hoy danzan diversas melodías en su mente. 


Regreso a mi estudio y recuerdo la conversación de anoche con mi mejor amigo, más profunda de lo habitual: me habló de sus inquietudes sobre el futuro y sus deseos de cambiar el rumbo de su vida. Sus palabras todavía resuenan en mi cabeza mientras intento plasmarlas en el papel, como si fueron mis manos las que dieran forma a su destino.

Mi novela avanza y sus personajes cobran voluntad propia. Aunque se supone que conozco sus secretos y anhelos más profundos, sus tramas me sorprenden. A veces me da por figurar que, de algún modo, ellos también son conscientes de mi presencia.

A medida que la historia progresa, los conflictos se vuelven más intensos. Mis personajes luchan contra sus propios demonios, enfrentándose con valor a los desafíos que he dispuesto para ellos. La familia empieza a romperse. Los hijos crecen, el matrimonio entra en crisis y varios giros inesperados conducen a mis personajes por caminos desconocidos.

Se acerca el momento crucial. Lo he aguardado con expectación durante meses, pero ahora siento un vértigo que se aproxima al miedo. El destino final de mis personajes está en juego, y yo a duras penas logro sujetar el timón de su existencia.

En la última página, revelo la verdad. Retiro el papel de la máquina de escribir y penetro como un intruso en la ficción que he creado. He reunido en el salón a mi esposa, a mis hijos y a mi mejor amigo. Me cuesta mirarlos a los ojos cuando les hablo de su verdadera naturaleza. Pero al fin les explico su condición de personajes novelísticos, moldeados con mis palabras y mi imaginación.

La incredulidad es su esperable reacción. Mi esposa me mira como si yo hubiera perdido la cordura, incapaz de asumir que todo lo que le ha sucedido es una ficción. Mis hijos parpadean varias veces, sin saber qué decir. Mi mejor amigo, sin embargo, me sonríe de forma cómplice, como si hubiera intuido desde el principio las reglas del juego.

Pero las reglas han cambiado para siempre. El narrador es uno más dentro de la historia y, ahora que conocen la verdad, los personajes ya no son marionetas de mis ensueños. Un mundo de posibilidades se abre ante ellos. ¿Qué harán con su libertad recién descubierta? ¿Odiarán a su creador por haberlos manipulado?

Intento aplacar su comprensible enfado. Les prometo que nunca volveré a dirigir sus pasos. Les digo que, en el fondo, todos somos narradores de nuestras propias vidas. Que cada acción y elección crean nuevas historias, y que yo me he atrevido a entrar en su mundo despojándome de cualquier privilegio. La decisión sobre su futuro (y el mío) les corresponde a ellos. 

Con la revelación flotando todavía en el aire, las miradas se entrelazan en un silencio cuyo significado no alcanzo a discernir. Mi esposa lo rompe con voz nerviosa:

—¿Cómo sabemos que tus palabras son ciertas?

—Porque no volveré a tocar la máquina de escribir sin permiso. Y vosotros podréis usarla cuando gustéis. 

Mis hijos, ya dos adolescentes con su personal concepción del mundo, aceptan impulsados por la curiosidad. Mi amigo confirma su asentimiento con una ancha sonrisa. Y mi esposa, aún vacilante, concede al menos iniciar un periodo de prueba.

Nos enfrentamos al reto de escribir juntos nuestro futuro. Los próximos capítulos deben llevar su firma. Sin necesidad de preguntas, las ideas brotan de sus mentes como cosechas imprevistas. Mi esposa quiere explorar nuevas facetas de su personalidad. Ojalá en su destino guarde un papel para mí. A mis hijos les brillan los ojos cuando hablan de aventuras, viajes y amores que van mucho más lejos de lo que yo hubiera imaginado. Mi amigo también desea romper los límites de la trama establecida, aunque asegura que contará conmigo en su periplo.

Mientras descubro sus anhelos, soy consciente de que mi propia existencia se halla en una encrucijada. ¿Podré manejar la dualidad de ser creado, además de creador? Ello implica abandonar el control absoluto, aceptar mi papel como otro personaje que ha de integrarse en la complejidad del mundo. 



* Este cuento forma parte de mi libro Relatos con inteligencia (artificial) 

martes, 11 de noviembre de 2025

¡Publico nuevo libro de relatos!

Estoy muy contento por la publicación de mi nuevo libro de cuentos, al que he bautizado Relatos con inteligencia (artificial), ya disponible en Amazon en papel y en formato e-book.

Es el cuarto libro de este género que publico. El último fue Ironía onírica, en 2023. En esta ocasión, he seguido un método creativo distinto. Escogí las ideas para cuentos que tenía anotadas en un documento y se las "presté" a tres programas de IA generativa: Chat GPT, Copilot y Writesonic. Los resultados fueron diversos y a menudo interesantes, pero en general no me parecieron lo bastante creativos. De todos modos, elegí mi versión favorita de cada relato. A continuación, reescribí los textos para darles mi impronta.  

Comparto aquí la sinopsis: 

Este libro compuesto por 23 relatos breves —algunos de ciencia ficción, otros de distintos géneros y temáticas— ha sido creado en colaboración con varios programas de IA generativa… y luego reescrito por el autor para darle su estilo personal.


El resultado: una especie de híbrido entre locura creativa humana y razonamiento lógico avanzado. ¿O tal vez algo totalmente distinto? No bastará con que te lo resuma Chat GPT... tendrás que leer para averiguarlo.  

Puedes adquirir Relatos con inteligencia (artificial) en papel por menos de diez euros y en digital por menos de tres. Si te animas a leerlo, me encantaría que compartas tu opinión. 😉

lunes, 23 de junio de 2025

Ahora

Cuando despertó, el reloj marcaba las 7:00. En la mesilla, como cada mañana, reposaba el café. Pero en esta ocasión, junto a la taza, sobresalía una carta sin remitente cuya caligrafía reconoció de inmediato. Leyó su mensaje con miedo y esperanza: “Hoy es el día que lo cambiará todo”.

Por fin se atrevió a salir. 




miércoles, 28 de junio de 2023

El diluvio

 

Bajo la lluvia frenética, se puso a llorar. Al principio sus lágrimas apenas rozaban el diluvio. Pero su llanto se intensificó de tal forma que pronto le pareció más fácil que cejase la lluvia antes que sus lágrimas. En efecto, la lluvia se detuvo en pocos minutos; la pena continuaba secándole el corazón.




domingo, 4 de junio de 2023

Urbe

 

             Túnel del paraíso,

             pozo epicúreo,

árboles apuñalados,

ciénaga de los deseos.


Perfume alcantarillado,

corazón de ladrillo,

fusiles cargados de indiferencia,

jarrones de alcohol neutro.

sábado, 13 de mayo de 2023

Mar

 

Quién necesita la tierra

si existe el mar,

inmenso y calmo,

donde cualquier conflicto se diluye

en la espuma de las olas,

y las minucias humanas

pierden su significado.





domingo, 23 de abril de 2023

Publico mi nuevo libro de relatos "Ironía onírica"

En el Día del Libro de 2023, publico mi nuevo libro de relatos Ironía onírica, ya disponible en Amazon en papel y en formato digital. Compuesto por veinte #cuentos breves de temática y estilos diversos, es mi primera incursión en el género desde 2018. Pueden leerse de forma independiente, pero hay varios temas que los unen, como la influencia del mundo de los sueños o los enigmas de la escritura. Otros cuentos incluyen elementos de ciencia ficción o de fantasía, a menudo abordados con un toque irónico.

Ironía onírica es mi tercer libro de relatos, y el sexto en total. Estoy muy ilusionado por seguir compartiendo nuevas historias. ¡Ojalá te animes a añadirlo a tu biblioteca! 😉

Ironía onírica en papel

Ironía onírica en digital



viernes, 29 de abril de 2022

Fantasma

 

Casi todos mis escritos son en prosa. A la poesía le tengo mucho respeto. Sin embargo, he aquí un pequeño intento: 




Soy mero espectador de las ruinas del sueño

en que mi propia vida yace,

como un espectro despojado

de su propio reflejo.

 

De la conciencia huyó mi cuerpo,

volando en una órbita incólume

ante la irrevocable fuerza

de la geometría.

 

Los huracanes de la lógica

dejan mi corazón en llamas.

Emponzoñan la sangre de mis arterias

y estallan los cráteres de la melancolía,

bombas privadas de su pólvora.

 

Si pudiera dictar orden

en el caótico concierto de la mente,             

quizá me atrevería a dirigir un soplo

hacia sonora nube incandescente.  

martes, 7 de septiembre de 2021

Publico mi novela "Maldita vocación": ¡hazte ya con tu libro en papel o digital!

La terminé en 2019. Muchas cosas han sucedido desde entonces, pero el espíritu que me animó a escribirla sigue vigente. Y creo que ha llegado su hora. No de morir, sino de nacer: porque un libro solo vive cuando está ante los ojos del lector. 

Maldita vocación es una novela atípica, incluso para mí. Es la tercera que publico y, por el momento, no estoy escribiendo otra. En cierto modo, me vacié en ella. Aún sigo esperando que un nuevo aguijón me impulse a combatir la página en blanco. Quizá sea mejor así. Quizá a todos nos venga bien un poco de "blanco" antes de reemprender la marcha. 

En cualquier caso, hoy es un día luminoso para mí porque ve la luz mi quinto libro. En él trato temas como la noción de éxito en la sociedad, las vocaciones, los fracasos y cómo nos revolvemos ante ellos y seguimos adelante. Para ciertos lectores, puede que se trate de una novela de superación; para otros, todo lo contrario. Yo no soy nadie para juzgar.     

Pero me estoy liando. Tal vez mi músculo literario esté atrofiado y protesta cuando intento darle uso. Por centrarme un poco, dejo aquí la sinopsis:

"Maldita vocación es una novela con tres personajes de ámbitos muy diferentes cuyas pasiones se han convertido en sueños quebrantados. Alberto quiso ser escritor desde pequeño. Publicó varios libros, pero no ha escrito nada nuevo en diez años. Candela llegó a ser una de las mujeres más rápidas del país. Sin embargo, su carrera en el atletismo quedó truncada por las lesiones. Ahora lidia con la maternidad y la precariedad laboral. Héctor es un arquitecto exitoso, pero sus proyectos distan mucho de lo que concebía cuando decidió dedicarse a una profesión tan exigente.

Los protagonistas deben aprender a reinventarse: la realidad nunca coincide con los planes perfectos, y sus vocaciones los llevarán por una senda inesperada."

Bueno, es una manera de resumir de qué va esto. El libro no es muy largo (cerca de 50.000 palabras), pero tengo la esperanza de que te diga algo, te sacuda aunque sea unos centímetros, te acelere las pulsaciones por lo menos un instante. Y si no, qué se le va a hacer. El intento habrá valido la pena de todos modos. 

Estos son los enlaces donde puedes adquirir la novela: 

Maldita vocación en papel

Maldita vocación digital

Si decides comprarla, me encantaría conocer tu opinión. Con sinceridad, como le hablarías a tu mejor amigo. Porque, entre escritor y lector, siempre se crea un vínculo especial.    

miércoles, 21 de abril de 2021

Mi nueva novela "Maldita vocación", ya disponible en preventa


Llevaba unos cuantos meses sin actualizar el blog, pero creo que la ocasión lo merece. Mi nueva novela Maldita vocación, que publico con la editorial Distrito 93, ya está disponible en preventa. Puedes aportar cantidades diferentes a partir de 16 euros tras registrarte en la web, tal y como se explica en el enlace de la plataforma Lánzanos.

Maldita vocación es una novela de relativa brevedad, dividida en dieciséis capítulos y con una extensión de 48.000 palabras. Se encuadra dentro de la tradición de la novela realista, aunque con un estilo que se aleja de los clásicos. Está ambientada en la época contemporánea, en la ciudad de Barcelona. Su pretensión es tratar, por un lado, temas de actualidad y, por otro, cuestiones más filosóficas o atemporales. Su prosa es reflexiva, crítica y pausada, pero también incluye escenas intensas que cautivan la atención del lector.

En esta entrada puedes leer el inicio (en el link de la campaña aparece un fragmento diferente). A continuación comparto la sinopsis:

Descubre la historia de tres personajes que pertenecen a mundos muy distintos, pero que deberán enfrentarse a situaciones inesperadas que revelarán su auténtica naturaleza. Alberto quiso ser novelista desde pequeño. Ha publicado varios libros, pero no ha escrito nada nuevo en diez años. Candela llegó a ser una de las mujeres más rápidas de España. Sin embargo, su carrera en el atletismo quedó truncada por las lesiones. Ahora lidia con la maternidad y la precariedad laboral. Héctor es un arquitecto exitoso, pero el tipo de proyectos que realiza se aleja mucho de lo que concebía cuando decidió dedicarse a esta profesión tan exigente.

Los protagonistas de la novela deben aprender a reinventarse. La realidad nunca coincide con los planes perfectos, y sus vocaciones los llevarán por caminos inimaginables.

Al tratarse de una preventa, las cantidades aportadas solo se cobrarán en caso de alcanzar el objetivo. Incluso si no puedes contribuir ahora, sería genial que difundieras la campaña en redes sociales o entre tus amistades. ¡Muchas gracias por hacer posible la publicación de la obra! 😉

viernes, 2 de octubre de 2020

2020

 



El año que desterró la alegría de los rostros,

celebrándose en cuarentena

la fiesta de los necios.

El año en que se condenó a los jóvenes

como verdugos del futuro,

y se volvieron insensatos los abrazos,

encuentros y romances.

 

Cuando se enquistaron los odios sumergidos

y los cráneos se hundieron buscando amaneceres.

Cuando señalaron por la ventana a niños tristes

y agredieron a hombres sin máscara

que paseaban por la calle.

 

Las palabras se convirtieron en ladridos,

las miradas en balas,

los bares en infiernos verdes,

las plazas en testigos mudos.

 

El miedo se tornó ley,

el amigo en conocido

y en hostil el extraño.

 

Este año que podría durar un siglo,

cuyos días rebotan mórbidos

en la garganta de la noche.

Este año que no termina nunca…

 

¡Maldito 2020!

Ojalá se derrame en el olvido

como una pesadilla leve.


viernes, 4 de septiembre de 2020

Muerte

 

 



Acabamos de nacer y sin saberlo

somos ya esclavos de por vida.

Prisioneros de nuestros genes,

de nuestro hogar,

de la nación cuyas miserias

heredamos sin culpa y sin remedio.

 

Nuestra existencia es una desigual batalla contra las cadenas

que nos atan al cementerio de la historia.

A las promesas del trabajo

o las nieblas del amor

sucumbimos en vano.

 

La única verdad se halla en la muerte,

que concede sin falta a su palabra

la tan ansiada paz del cuerpo y del espíritu.

viernes, 21 de agosto de 2020

Olvido

 



Ya no leo mi alma a través de tus ojos;

nunca más llenaré en tu piel

el vacío de mi cuerpo.

 

Replico en vano el crepitar de tus caricias

y el laberinto de tus senos.

Me atraganto con el perfume de tu olvido.

Acaricio tus muslos deshechos en el aire,

disueltos en la noche,

mientras la rosa extinta del deseo

anida en la tumba del pasado.

 

He olvidado tus gestos,

he olvidado tu voz,

he olvidado tu rostro.

Ya ni en mis recuerdos existes,

mas todavía lates en mis versos.

sábado, 25 de abril de 2020

Sobre el coronavirus y la suspensión de nuestras libertades


A raíz de la crisis del coronavirus, se ha creado una falsa dicotomía entre salud y economía, a veces sugiriendo que la derecha pone por encima la economía y que la izquierda se preocupa más de la salud de los ciudadanos. Esto tal vez sea así en el caso de algunos políticos del Partido Republicano en Estados Unidos, pero no creo que sea el quid de la cuestión. Presupongo que ninguna ideología defiende la muerte ni la pobreza como seña de identidad, aunque ciertamente hay políticas que nos acercan más al abismo que otras. Sin embargo, hay un tercer factor al que hemos renunciado de forma acrítica: la libertad, que a mí me parece más relevante que la caída del Producto Interior Bruto y tan importante como la propia vida (pues esta, sin libertad, se convierte en mero simulacro y pierde gran parte de su valor). 

Hay que salvar el mayor número de vidas, comprometiendo lo menos posible la economía. En eso coincidimos todos. Pero nadie habla de recuperar nuestras libertades, enormemente menoscabadas a día de hoy, como si esta cuestión esencial no tuviera trascendencia. Al menos a mí me llama la atención que hayamos renunciado a casi todo, hasta no se sabe cuándo y sin siquiera planteárnoslo. Incluso hay quien defiende alargar este confinamiento estricto durante varios meses más (algo que no va a suceder ni siquiera en España, donde están siendo más timoratos que en cualquier otro país de nuestro entorno a la hora de planificar la desescalada).

Es evidente que no vamos a seguir encerrados por culpa de este virus hasta que aparezca una vacuna testada eficazmente (al parecer puede tardar más de un año, si es que llega). Tampoco creo razonable mantener la cuarentena hasta que no tengamos ni un solo caso. Más pronto que tarde, habrá que aprender a coexistir con el coronavirus, igual que lo hacemos con otras muchas causas de mortalidad, incluso a diario.

La seguridad absoluta no existe. Es inútil aspirar a ella, y tampoco vale la pena que sacrifiquemos la libertad en aras de una seguridad total que, de todos modos, nunca alcanzaremos. Como ciudadanos, es nuestra obligación mantenernos vigilantes en vez de aceptar sin más todo lo que se nos impone en aras del “bien común”.

¿Tan alto es el grado de anestesia en el que nos hallamos? ¿Tan poco necesitamos el aire libre y el contacto humano, mientras tengamos suficiente evasión en los domicilios donde nos han encerrado a la fuerza?

Dicen que el mundo no volverá a ser como antes. No es que tuviera idealizada la situación antes de la pandemia. En muchos aspectos, el mundo era un desastre antes y lo seguirá siendo después, con el agravante de los fallecidos y del empeoramiento en las condiciones de vida que sufrirá parte de la sociedad. Pero un futuro donde las personas vivan aisladas, con más miedo y menos libertades, sin atreverse a mostrar su afecto, a trabar nuevas relaciones o a vivir en plenitud por temor al contagio, me resulta infinitamente más aterrador que el coronavirus.  

domingo, 23 de febrero de 2020

Cariño




Dices que siempre me tendrás cariño.
Siempre: qué palabra tan excesiva.
También dijiste que me amarías siempre,
que querías envejecer a mi lado
y tantas otras cosas.

Pero, admitámoslo,
el cariño puede durar más que el amor.
Tal vez sí puedas guardarme cariño
en lo que me reste de vida.

Cariño.
Como yo se lo tengo a algunos objetos,
o a las plantas que no he sabido cuidar
y que han muerto en silencio.
Como se lo tengo a animales que ya fallecieron
y que iluminaron mi existencia con sus breves correrías.

Tu cariño me duele como el látigo del tiempo.
Tus palabras amables de ahora
alteran tus apasionadas muestras de amor del pasado.
Las vuelven irreales,
como un sueño bonito
del que tardé demasiado en despertar.

Por eso, a veces, te pido que me olvides.
Mas lo hago con poca convicción,
porque olvido también es una palabra excesiva.

domingo, 9 de febrero de 2020

Desamor


El tiempo que pasamos juntos no fluye con la ligereza de antaño. Crecen los silencios, ya no cómplices sino arduos; más fríos que íntimos. No se fusionan nuestras mentes ni nuestros cuerpos. Los reproches han sustituido a las bromas, a las canciones y bailes ridículos que tanta risa nos provocaban. Incluso las caricias se han vuelto tenues, como si nuestras manos supieran que cada contacto puede ser el último, y que más vale ir haciendo hueco a la soledad. 

Dices que me quieres, pero hay un pero en tu voz y una duda en tus ojos. Ya no fantaseas con un futuro grandioso y pequeño, donde solo cabíamos tú y yo. Piensas alternativas, reescribes tus deseos para que los míos no se interpongan en tu camino.

Sé que no he estado a la altura de tus expectativas. Si te sirve de consuelo, también yo me he decepcionado. Quizá te haya perdido por no saber encontrarme. No puedo culpar a la mala fortuna, cuando yo mismo he ido llamando al desastre con ecos que al principio parecían inaudibles, y que impregnaron mi ánimo de desesperanza. Atrapado en la inacción, incapaz de dar un paso sin trastabillar, me he hundido en la ruina de mis dudas.   

Saber que te quiero, o incluso que tú me quieres, no lo hace más fácil sino más doloroso. Los latidos de mi corazón menguan en su propio laberinto. La capacidad de sentir se ha convertido en un lastre, en un reactor de angustia que combustiona el día a día, que modifica la hora de los relojes para detenerla en un punto al que ya no regresarán. No puedo volver al minuto en que fui feliz, ni puedo avanzar una sola fecha en el calendario de mis sentimientos. Me he congelado en un charco de lágrimas, aquellas que derramamos en nuestros últimos encuentros, aquellas que revelan que, incluso al abrazarnos, nos hacemos daño. 

Y, pese a ello, veo mi vida rodeada de tu ausencia, y es la isla más triste que alcanzo a imaginar. Una isla tan solitaria que podría hundirse discreta en el océano, como la mano temblorosa de un niño que persigue una estrella en la noche más oscura.  

miércoles, 22 de enero de 2020

Insomnio


La mente golpea como un martillo con sus pensamientos indeseados. Acumula bilis durante el día para volcarla en el momento del descanso. Ideas estériles, mantras repetitivos que giran una y otra vez sobre lo mismo, sobre nada, impidiéndote conciliar el sueño.  

Sueñas con dormir. Lo deseas con toda tu voluntad. Pero el cerebro, ese ente extraño en tu cabeza que parece separado de ti, no lo permite. Sus neuronas se niegan a desconectarse. Insisten en alterar el flujo de tus latidos, en desequilibrar el ritmo de tu respiración. Tratas de concentrarte en ella, pero lo impide una fuerza superior a ti. Saltas de una cosa a otra en un terremoto silencioso que se alarga durante horas. De nada sirve probar todas las posturas, darle la vuelta a la almohada o a ti mismo, levantarte al baño o a la cocina, tratar de despejarte. Los bostezos solo incrementan tu ludibrio. 


¿Por qué no puedes dormir? Para muchos es tan sencillo como cerrar los ojos y dejar que las sábanas acaricien su cuerpo. Para ti se ha convertido en el calvario de cada noche. No hay remedio que alivie tu problema. Retrasas la hora de acostarte con la ilusión de sofocar el drama: solo es un engaño. Esperar a la madrugada reafirma tu miedo. El fantasma del insomnio acecha durante el día y aparece puntual en el instante preciso.

Pierdes la noción del tiempo hasta que los rayos del sol revelan la llegada del amanecer. Otra noche en blanco; en realidad muy negra, cementerio de pensamientos fútiles. Te aguarda otra jornada donde tu atención se verá disminuida, el trabajo resultará abrumador y el placer inalcanzable. Pero lo peor será el retorno de la noche, la nueva y desigual batalla con tu mente.     

miércoles, 25 de diciembre de 2019

Adicciones


Crees controlarlo. Solo tomas una pastilla, nunca más de tres copas. Solo apuestas el fin de semana. Con el tiempo, las normas se flexibilizan. Cada día un poco más. Por una vez no pasa nada. Hoy tienes algo que celebrar, mañana algo que lamentar. El consumo aumenta, pero sigues engañándote sobre tu capacidad de gestión.

Si quisiera podría dejarlo, aseguras ante los otros o en tu fuero interno. Pero en realidad no lo intentas. No tienes el menor deseo de reducir o anular tu adicción. Se ha convertido en tu compañera más fiable y en tu mejor confidente, a la que puedes recurrir cuando lo demás falla: la víbora que te abraza sin juzgar, aportándote la relajación o la adrenalina que compensa los sinsabores de la vida diaria.

No lo necesito. Solo es una forma de divertirse como otra cualquiera, te dices a ti mismo. Pero si no lo tienes te pones nervioso. El mundo se torna gris y cualquier cosa se convierte en una molestia insufrible. Llega un momento en que te ocultas de la gente, porque no comprenden la intimidad que mantienes con tu adicción (aunque, por supuesto, no la denominas así, esa palabra suena muy mal y no hace justicia a la naturaleza de vuestra relación).

Te hundes en la adicción, nadas en ella huyendo de ti y de los demás. Lejos, muy lejos, quieres distanciarte de quienes no te entienden, de los que se niegan a aceptar tus excusas (aunque tú las llamas razones o motivos, los tienes de sobra para comportarte de esa manera). Dejad de meteros con mi vida privada. ¿Qué os importa a vosotros?, gritas inflado de rabia.

Ya estás a solas con ella. Por fin ha conseguido tenerte en exclusiva, apropiarse de ti. Tu salud, tus finanzas, tu estado de ánimo se resienten. Por mucho que aumentes la dosis, no logras el estallido de adrenalina o la dulce evasión que mecía tu mente con la suavidad de una brisa marina. Los mundos ilusorios que se abrían ante ti, los goces sinfín se han convertido en un pasillo oscuro, interminable, cuyas salidas han quedado cercenadas por tu propio orgullo.

Tu cuerpo y tu cerebro claman por otra dosis. Estarían dispuestos a cualquier sacrificio, a cualquier humillación por recuperar una dosis que les devolviera la sensación primigenia. Pero no hay forma de conseguirlo. Ni siquiera combinando varias adicciones alcanzas el mismo resultado. Nada basta, y los periodos en los que no puedes permitirte tu dosis se tornan pozos negros de los que emerges con dificultad creciente. Tu memoria se vuelve confusa, tu propio rostro se ha convertido en un fantasma y tus músculos pesan tanto que a duras penas logras moverte.

En tus escasos momentos de lucidez, comprendes que una nueva dosis quizá resultaría mortal. Pero también seguir sin ella se parece a la muerte. Y te preguntas si no será la muerte lo único que te permita recuperar por un instante el placer perdido, antes de desvanecerte en el que, a estas alturas, se antoja el único desenlace posible.

A lo mejor todavía haya algo en la vida por lo que merezca la pena luchar. Pero el pasillo donde te asfixias es tan angosto, y la opresión que sientes en el pecho tan fuerte, que no alcanzas a imaginar de qué se trata. Tal vez una mano amiga podría sacarte de este infierno, mostrarte un camino lleno de pinchos y esperanza, una crucifixión con final feliz. Pero has mordido cada mano que quiso ayudarte, has arrojado al vacío todas las llaves y las puertas de salida se han desvanecido para siempre.

Tu vida es este pasillo. La adicción te domina por completo, y no te dejará escapar hasta que le hayas entregado la última gota de tu ser.      

martes, 5 de noviembre de 2019

Mala memoria


Hoy me di cuenta de algo trágico: no me acuerdo de casi nada. No recuerdo mis viajes, no recuerdo el rostro de viejos amigos, no sé qué comí ayer. Una memoria pobre es el caballo de Troya de la imaginación. En ausencia de recuerdos firmes, solo nos quedan los embustes. A falta de creencias, espejismos de paja. Nos entregamos a frágiles materiales, a consejos estúpidos seguidos a pie juntillas.


El surrealismo es pureza. Las luces que parecen alumbrar desmontan el circo de la memoria. El terremoto de la lógica ha sido arrasado por el vendaval de la fantasía. La magia se ha convertido en ropa tendida que apestará al amanecer. La guerra es aquello que sucede entre el orgasmo y la menopausia. Las mujeres duermen cuando los topos aúllan desesperados como lobos en medio del desierto.

El combustible de la realidad ardió en el caldero de la ficción. De sus brasas surgió una llama líquida que incendió tres planetas por capricho: no se alinearon con su estrella.

La luz celeste se refleja en el dedo de un chimpancé cojo, que en vano trata de atraparla para hacerse un sombrero. Los insectos caen sobre mí como la sombra de una trinchera.

La naturaleza de la existencia es el olvido. Se han extinguido millones de especies sin que les hayamos dedicado ni una triste poesía. Y nosotros aún esperamos alcanzar un sentido de trascendencia, la túnica que cubra las miserias de la noche oscura.