domingo, 18 de octubre de 2026

¿Qué perderíamos si desaparece Internet?

La primera reacción sería comprobar nuestro smartphone. Después, reiniciar el router. Luego preguntar si a los demás les ocurre lo mismo. Estamos tan acostumbrados a resolver una interrupción de Internet que nos costaría imaginar un escenario distinto que no fuera un técnico trabajando en ello, con una hora prevista para recuperar la conexión.

La ficción permite prolongar y generalizar esa interrupción con fin de observar qué sucedería en la sociedad. No hace falta empezar por un colapso absoluto. Basta con pensar en una dirección que no sabemos encontrar, una conversación que solo existe insertada en una aplicación de mensajería o un trabajo que depende de consultar cierta información. Cada persona descubriría una dependencia distinta.

¿Cuánto conocemos de nuestra propia vida sin recurrir a una pantalla? No me refiero a memorizar números de teléfono por nostalgia. Pienso en las pequeñas capacidades que hemos delegado, y en las relaciones que consideramos accesibles solo porque un nombre sigue apareciendo en una vieja lista de contactos. 

También perderíamos cosas valiosas sin Internet. Sería demasiado simplista convertir su ausencia en una panacea universal. La Red nos permite mantener vínculos a distancia, aprender, trabajar y hallar conexiones que no serían posibles cerca de casa. Imaginar su desaparición exige reconocer tanto lo que nos absorbe como lo que nos sostiene. 

En una novela, además, una premisa es solo el comienzo. El interés crece cuando las consecuencias empiezan a multiplicarse. Un mismo cambio puede resultar liberador para un personaje y amenazante para otro. Entonces aparecen decisiones, conflictos y diferencias que una idea general no alcanza a explicar.

Mi primera novela, Desconexión, parte de la desaparición global de Internet y del cambio que provoca en la vida de su joven protagonista, Ricardo. Esta invención abre un espacio para ensayar preguntas que en la vida diaria solemos dejar pendientes.

Hagamos una pequeña prueba: pensar qué haríamos durante las horas de caos inicial. ¿A quién querríamos encontrar? ¿Qué pretenderíamos averiguar con urgencia? ¿Qué nos aliviaría y qué nos inquietaría? Las respuestas nos dirán algo sobre la tecnología, pero también sobre el ser humano.

Si te interesa esta temática, te invito a descubrir mi novela Desconexión, disponible en papel y en formato digital.


lunes, 5 de octubre de 2026

Cuando una vocación deja de explicar una vida

De pequeños nos preguntan qué queremos ser. Una pregunta que parece amable, pero que ya contiene una simplificación: suponer que una profesión bastará para describir tu vida. Después crecemos, y descubrimos que incluso una respuesta sincera puede no reflejar la realidad.

Una vocación firme puede aportar dirección, disciplina y satisfacción. También puede volverse una medida demasiado rígida. Si todo lo que hacemos se evalúa en función de un antiguo sueño, cualquier cambio parece una derrota. Cuesta preguntarse si seguimos queriendo lo mismo, o si la persona que fuimos ha secuestrado nuestra voluntad.

La ficción permite acercarse a esta dificultad sin convertirla en un consejo simple. Un personaje puede insistir por buenas razones y equivocarse. Otro puede renunciar y descubrir que no ha resuelto nada. Las decisiones adquieren sentido enmarcadas en unas circunstancias particulares y en constante evolución. Por eso me parece poco interesante reducir todas las historias a una recomendación de perseverancia. Las novelas pueden mostrar el coste de seguir y el de cambiar. También permiten al lector discrepar con los actos de un personaje y, a la vez, comprenderlos. 

En mi última novela, Maldita vocación, un escritor, una atleta y un arquitecto afrontan la distancia entre sus expectativas y su situación. Sus profesiones posibilitan explorar problemas distintos, pero los tres invitan a discutir qué entendemos por éxito, y qué ocurre cuando una identidad profesional ya no es suficiente. 

Este tema origina varias preguntas acerca de los protagonistas. ¿Qué dependía de ellos? ¿Qué estaba condicionado por otros? ¿A qué estaban dispuestos a renunciar y qué cuestiones ni siquiera se planteaban? 

Otro aspecto importante es quién pronuncia la palabra fracaso. No significa lo mismo cuando la utiliza un personaje para juzgarse que cuando se la impone su entorno. La diferencia nos lleva a prestar atención a las expectativas formadas en torno a cada vida.

Una novela no debe cerrar la discusión; sí puede volverla más concreta. En ello reside parte de su encanto: en ayudarnos a entender una decisión antes de apresurarnos a ponerle una etiqueta.

Si esta temática te llama la atención, puedes encontrar Maldita vocación en Amazon, en papel y en formato digital. Y, si ya la has leído, me gustaría saber qué personaje te ha resultado más difícil de juzgar.




martes, 20 de enero de 2026

La IA y la creatividad literaria, ¿aliados o enemigos?

En este artículo, analizo el papel que puede desempeñar la IA en la creación literaria. Es un tema en el que tengo experiencia real, ya que decidí utilizar varios programas de IA generativa, como ChatGPT o Copilot, para ayudarme a escribir mi último libro de cuentos, Relatos con inteligencia (artificial). 

En mi caso, no utilicé la IA para proponer ideas, ya que tenía muchas que nunca había incluido en mis anteriores trabajos (el libro mencionado lo componen 23 relatos). Sí que la empleé para generar borradores que luego reescribí en profundidad. Creo que me ha resultado provechoso. Uno de los aspectos más complicados de la escritura es revisar tus textos, ya que cuesta dilucidar el comedimiento o el exceso. Al disponer de borradores creados por IA, me fue más sencillo “desmontar” esos textos y mejorarlos. Por supuesto, esto no elimina la necesidad de revisarlos a posteriori, pero considero que contribuyó de forma positiva al proceso creativo. 

No obstante, este es solo uno de los usos posibles de la IA generativa. También puede servir para romper bloqueos creativos, explorar variaciones de estilo y tono, ayudar en procesos de documentación o revisar cuestiones gramaticales. Su utilidad es reseñable, máxime si hablamos de un libro autoeditado, donde el autor no cuenta con un equipo editorial a sus espaldas.    

¿Cuál es el mayor peligro? En mi opinión, delegar en la IA la parte más creativa. Recuerdo que ChatGPT se empeñaba en dar un final feliz a casi todos los relatos, y también en contar una especie de moraleja, algo muy alejado de mis intenciones como escritor. Estos programas tienden a homogeneizar estilos y carecen de verdadera originalidad. 

Si queremos escribir (y leer) textos auténticos, el autor debe ser siempre quien decida su forma final. Por potente que sea un modelo de IA, no piensa por sí mismo, no tiene emociones ni vive experiencias. Por tanto, no puede aportar la visión personal o el riesgo artístico que definen a la buena literatura. 

En conclusión, la IA no sustituye el talento humano. Sin embargo, bien utilizada puede ser un asistente útil en la creación literaria.