lunes, 5 de octubre de 2026

Cuando una vocación deja de explicar una vida

De pequeños nos preguntan qué queremos ser. Una pregunta que parece amable, pero que ya contiene una simplificación: suponer que una profesión bastará para describir tu vida. Después crecemos, y descubrimos que incluso una respuesta sincera puede no reflejar la realidad.

Una vocación firme puede aportar dirección, disciplina y satisfacción. También puede volverse una medida demasiado rígida. Si todo lo que hacemos se evalúa en función de un antiguo sueño, cualquier cambio parece una derrota. Cuesta preguntarse si seguimos queriendo lo mismo, o si la persona que fuimos ha secuestrado nuestra voluntad.

La ficción permite acercarse a esta dificultad sin convertirla en un consejo simple. Un personaje puede insistir por buenas razones y equivocarse. Otro puede renunciar y descubrir que no ha resuelto nada. Las decisiones adquieren sentido enmarcadas en unas circunstancias particulares y en constante evolución. Por eso me parece poco interesante reducir todas las historias a una recomendación de perseverancia. Las novelas pueden mostrar el coste de seguir y el de cambiar. También permiten al lector discrepar con los actos de un personaje y, a la vez, comprenderlos. 

En mi última novela, Maldita vocación, un escritor, una atleta y un arquitecto afrontan la distancia entre sus expectativas y su situación. Sus profesiones posibilitan explorar problemas distintos, pero los tres invitan a discutir qué entendemos por éxito, y qué ocurre cuando una identidad profesional ya no es suficiente. 

Este tema origina varias preguntas acerca de los protagonistas. ¿Qué dependía de ellos? ¿Qué estaba condicionado por otros? ¿A qué estaban dispuestos a renunciar y qué cuestiones ni siquiera se planteaban? 

Otro aspecto importante es quién pronuncia la palabra fracaso. No significa lo mismo cuando la utiliza un personaje para juzgarse que cuando se la impone su entorno. La diferencia nos lleva a prestar atención a las expectativas formadas en torno a cada vida.

Una novela no debe cerrar la discusión; sí puede volverla más concreta. En ello reside parte de su encanto: en ayudarnos a entender una decisión antes de apresurarnos a ponerle una etiqueta.

Si esta temática te llama la atención, puedes encontrar Maldita vocación en Amazon, en papel y en formato digital. Y, si ya la has leído, me gustaría saber qué personaje te ha resultado más difícil de juzgar.




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