martes, 7 de septiembre de 2021

Publico mi novela "Maldita vocación": ¡hazte ya con tu libro en papel o digital!

La terminé en 2019. Muchas cosas han sucedido desde entonces, pero el espíritu que me animó a escribirla sigue vigente. Y creo que ha llegado su hora. No de morir, sino de nacer: porque un libro solo vive cuando está ante los ojos del lector. 

Maldita vocación es una novela atípica, incluso para mí. Es la tercera que publico y, por el momento, no estoy escribiendo otra. En cierto modo, me vacié en ella. Aún sigo esperando que un nuevo aguijón me impulse a combatir la página en blanco. Quizá sea mejor así. Quizá a todos nos venga bien un poco de "blanco" antes de reemprender la marcha. 

En cualquier caso, hoy es un día luminoso para mí porque ve la luz mi quinto libro. En él trato temas como la noción de éxito en la sociedad, las vocaciones, los fracasos y cómo nos revolvemos ante ellos y seguimos adelante. Para ciertos lectores, puede que se trate de una novela de superación; para otros, todo lo contrario. Yo no soy nadie para juzgar.     

Pero me estoy liando. Tal vez mi músculo literario esté atrofiado y protesta cuando intento darle uso. Por centrarme un poco, dejo aquí la sinopsis:

"Maldita vocación es una novela con tres personajes de ámbitos muy diferentes cuyas pasiones se han convertido en sueños quebrantados. Alberto quiso ser escritor desde pequeño. Publicó varios libros, pero no ha escrito nada nuevo en diez años. Candela llegó a ser una de las mujeres más rápidas del país. Sin embargo, su carrera en el atletismo quedó truncada por las lesiones. Ahora lidia con la maternidad y la precariedad laboral. Héctor es un arquitecto exitoso, pero sus proyectos distan mucho de lo que concebía cuando decidió dedicarse a una profesión tan exigente.

Los protagonistas deben aprender a reinventarse: la realidad nunca coincide con los planes perfectos, y sus vocaciones los llevarán por una senda inesperada."

Bueno, es una manera de resumir de qué va esto. El libro no es muy largo (cerca de 50.000 palabras), pero tengo la esperanza de que te diga algo, te sacuda aunque sea unos centímetros, te acelere las pulsaciones por lo menos un instante. Y si no, qué se le va a hacer. El intento habrá valido la pena de todos modos. 

Estos son los enlaces donde puedes adquirir la novela: 

Maldita vocación en papel

Maldita vocación digital

Si decides comprarla, me encantaría conocer tu opinión. Con sinceridad, como le hablarías a tu mejor amigo. Porque, entre escritor y lector, siempre se crea un vínculo especial.    

miércoles, 21 de abril de 2021

Mi nueva novela "Maldita vocación", ya disponible en preventa


Llevaba unos cuantos meses sin actualizar el blog, pero creo que la ocasión lo merece. Mi nueva novela Maldita vocación, que publico con la editorial Distrito 93, ya está disponible en preventa. Puedes aportar cantidades diferentes a partir de 16 euros tras registrarte en la web, tal y como se explica en el enlace de la plataforma Lánzanos.

Maldita vocación es una novela de relativa brevedad, dividida en dieciséis capítulos y con una extensión de 48.000 palabras. Se encuadra dentro de la tradición de la novela realista, aunque con un estilo que se aleja de los clásicos. Está ambientada en la época contemporánea, en la ciudad de Barcelona. Su pretensión es tratar, por un lado, temas de actualidad y, por otro, cuestiones más filosóficas o atemporales. Su prosa es reflexiva, crítica y pausada, pero también incluye escenas intensas que cautivan la atención del lector.

En esta entrada puedes leer el inicio (en el link de la campaña aparece un fragmento diferente). A continuación comparto la sinopsis:

Descubre la historia de tres personajes que pertenecen a mundos muy distintos, pero que deberán enfrentarse a situaciones inesperadas que revelarán su auténtica naturaleza. Alberto quiso ser novelista desde pequeño. Ha publicado varios libros, pero no ha escrito nada nuevo en diez años. Candela llegó a ser una de las mujeres más rápidas de España. Sin embargo, su carrera en el atletismo quedó truncada por las lesiones. Ahora lidia con la maternidad y la precariedad laboral. Héctor es un arquitecto exitoso, pero el tipo de proyectos que realiza se aleja mucho de lo que concebía cuando decidió dedicarse a esta profesión tan exigente.

Los protagonistas de la novela deben aprender a reinventarse. La realidad nunca coincide con los planes perfectos, y sus vocaciones los llevarán por caminos inimaginables.

Al tratarse de una preventa, las cantidades aportadas solo se cobrarán en caso de alcanzar el objetivo. Incluso si no puedes contribuir ahora, sería genial que difundieras la campaña en redes sociales o entre tus amistades. ¡Muchas gracias por hacer posible la publicación de la obra! 😉

viernes, 2 de octubre de 2020

2020

 



El año que desterró la alegría de los rostros,

celebrándose en cuarentena

la fiesta de los necios.

El año en que se condenó a los jóvenes

como verdugos del futuro,

y se volvieron insensatos los abrazos,

encuentros y romances.

 

Cuando se enquistaron los odios sumergidos

y los cráneos se hundieron buscando amaneceres.

Cuando señalaron por la ventana a niños tristes

y agredieron a hombres sin máscara

que paseaban por la calle.

 

Las palabras se convirtieron en ladridos,

las miradas en balas,

los bares en infiernos verdes,

las plazas en testigos mudos.

 

El miedo se tornó ley,

el amigo en conocido

y en hostil el extraño.

 

Este año que podría durar un siglo,

cuyos días rebotan mórbidos

en la garganta de la noche.

Este año que no termina nunca…

 

¡Maldito 2020!

Ojalá se derrame en el olvido

como una pesadilla leve.


viernes, 4 de septiembre de 2020

Muerte

 

 



Acabamos de nacer y sin saberlo

somos ya esclavos de por vida.

Prisioneros de nuestros genes,

de nuestro hogar,

de la nación cuyas miserias

heredamos sin culpa y sin remedio.

 

Nuestra existencia es una desigual batalla contra las cadenas

que nos atan al cementerio de la historia.

A las promesas del trabajo

o las nieblas del amor

sucumbimos en vano.

 

La única verdad se halla en la muerte,

que concede sin falta a su palabra

la tan ansiada paz del cuerpo y del espíritu.

viernes, 21 de agosto de 2020

Olvido

 



Ya no leo mi alma a través de tus ojos;

nunca más llenaré en tu piel

el vacío de mi cuerpo.

 

Replico en vano el crepitar de tus caricias

y el laberinto de tus senos.

Me atraganto con el perfume de tu olvido.

Acaricio tus muslos deshechos en el aire,

disueltos en la noche,

mientras la rosa extinta del deseo

anida en la tumba del pasado.

 

He olvidado tus gestos,

he olvidado tu voz,

he olvidado tu rostro.

Ya ni en mis recuerdos existes,

mas todavía lates en mis versos.

sábado, 25 de abril de 2020

Sobre el coronavirus y la suspensión de nuestras libertades


A raíz de la crisis del coronavirus, se ha creado una falsa dicotomía entre salud y economía, a veces sugiriendo que la derecha pone por encima la economía y que la izquierda se preocupa más de la salud de los ciudadanos. Esto tal vez sea así en el caso de algunos políticos del Partido Republicano en Estados Unidos, pero no creo que sea el quid de la cuestión. Presupongo que ninguna ideología defiende la muerte ni la pobreza como seña de identidad, aunque ciertamente hay políticas que nos acercan más al abismo que otras. Sin embargo, hay un tercer factor al que hemos renunciado de forma acrítica: la libertad, que a mí me parece más relevante que la caída del Producto Interior Bruto y tan importante como la propia vida (pues esta, sin libertad, se convierte en mero simulacro y pierde gran parte de su valor). 

Hay que salvar el mayor número de vidas, comprometiendo lo menos posible la economía. En eso coincidimos todos. Pero nadie habla de recuperar nuestras libertades, enormemente menoscabadas a día de hoy, como si esta cuestión esencial no tuviera trascendencia. Al menos a mí me llama la atención que hayamos renunciado a casi todo, hasta no se sabe cuándo y sin siquiera planteárnoslo. Incluso hay quien defiende alargar este confinamiento estricto durante varios meses más (algo que no va a suceder ni siquiera en España, donde están siendo más timoratos que en cualquier otro país de nuestro entorno a la hora de planificar la desescalada).

Es evidente que no vamos a seguir encerrados por culpa de este virus hasta que aparezca una vacuna testada eficazmente (al parecer puede tardar más de un año, si es que llega). Tampoco creo razonable mantener la cuarentena hasta que no tengamos ni un solo caso. Más pronto que tarde, habrá que aprender a coexistir con el coronavirus, igual que lo hacemos con otras muchas causas de mortalidad, incluso a diario.

La seguridad absoluta no existe. Es inútil aspirar a ella, y tampoco vale la pena que sacrifiquemos la libertad en aras de una seguridad total que, de todos modos, nunca alcanzaremos. Como ciudadanos, es nuestra obligación mantenernos vigilantes en vez de aceptar sin más todo lo que se nos impone en aras del “bien común”.

¿Tan alto es el grado de anestesia en el que nos hallamos? ¿Tan poco necesitamos el aire libre y el contacto humano, mientras tengamos suficiente evasión en los domicilios donde nos han encerrado a la fuerza?

Dicen que el mundo no volverá a ser como antes. No es que tuviera idealizada la situación antes de la pandemia. En muchos aspectos, el mundo era un desastre antes y lo seguirá siendo después, con el agravante de los fallecidos y del empeoramiento en las condiciones de vida que sufrirá parte de la sociedad. Pero un futuro donde las personas vivan aisladas, con más miedo y menos libertades, sin atreverse a mostrar su afecto, a trabar nuevas relaciones o a vivir en plenitud por temor al contagio, me resulta infinitamente más aterrador que el coronavirus.  

domingo, 23 de febrero de 2020

Cariño




Dices que siempre me tendrás cariño.
Siempre: qué palabra tan excesiva.
También dijiste que me amarías siempre,
que querías envejecer a mi lado
y tantas otras cosas.

Pero, admitámoslo,
el cariño puede durar más que el amor.
Tal vez sí puedas guardarme cariño
en lo que me reste de vida.

Cariño.
Como yo se lo tengo a algunos objetos,
o a las plantas que no he sabido cuidar
y que han muerto en silencio.
Como se lo tengo a animales que ya fallecieron
y que iluminaron mi existencia con sus breves correrías.

Tu cariño me duele como el látigo del tiempo.
Tus palabras amables de ahora
alteran tus apasionadas muestras de amor del pasado.
Las vuelven irreales,
como un sueño bonito
del que tardé demasiado en despertar.

Por eso, a veces, te pido que me olvides.
Mas lo hago con poca convicción,
porque olvido también es una palabra excesiva.