jueves, 9 de febrero de 2017

Bautizar un libro de relatos


Tras varios meses de trabajo, he terminado de revisar todos los relatos que quiero publicar en mi próximo libro. Tenía más de cuarenta y al final se han quedado en 29, si no decido añadir alguno que escriba posteriormente. Podría haberlos reducido más, pero no sería la primera vez que un cuento que yo no sentía del todo logrado generase aplausos en más lectores que otros que percibía más completos. Prefiero dejar que cada uno escoja sus favoritos, de modo que solo he suprimido los que noté claramente fallidos o redundantes.

Hay cuentos escritos hace tres o cuatro años y los hay escritos hace unos pocos meses. La gran mayoría son inéditos y todos han variado de un modo u otro, en el título, el final o sus partes intermedias. Como siempre lo más habitual ha sido limar, suprimir  lo que sobraba, aligerar la expresión para mantener el ritmo y el tono.


29 relatos parecen muchos, pero una de sus características es la brevedad, como ya lo era en mi primer libro de cuentos Juicio a un escritor, disponible para su lectura gratuita aquí. En total son unas 37.700 palabras, un poco menos que mi última novela Duermevela, aunque bastantes más que Juicio a un escritor.

Tras terminar la revisión el trabajo no estaba completo, y de hecho no lo está. Pero sí he establecido, después de darle unas cuantas vueltas, el orden de los relatos. Quería que se alternaran temáticas, tonos y duración para que nunca caigan en la monotonía. Ordenarlos ha sido como encajar las piezas de un puzle, aunque en este caso cada pieza podía ocupar un lugar diferente. El resultado, como siempre, tendrá que juzgarlo el lector.

Sin embargo, me queda una decisión importante por tomar: el título. Tengo tiempo de elegirlo, pues no considero prudente publicar dos libros en un año y antes va Duermevela, de cuyos detalles de publicación pronto voy a encargarme (ya anticipo que será a través de Amazon, como Desconexión). Manejo algunos relacionados con los sueños, pues la atmósfera onírica está presente en varios de ellos. Podría titularse "Sueños de escritor", "Relatos Oníricos", "Entrecuentos" (por su brevedad, como entremeses literarios) o incluso "Entresueños".

¿Cuál os gusta más de los propuestos? Estoy abierto también a otras opciones. De hecho, recuerdo que cambié el título de mi primera novela, Desconexión, por sugerencia de un lector de este blog. Así que si tienes una predilección al respecto, por favor no la guardes para ti ;)

martes, 22 de noviembre de 2016

Cuentos en un cuenco

Hago algunos anuncios en la entrada de hoy. En primer lugar, de nuevo me he quedado a las puertas de ganar el concurso literario internacional de la agencia Punctum, en esta ocasión con Duermevela, mi obra todavía inédita. La vencedora ha sido una novela italiana. De todos modos, siempre se agradece que un jurado profesional valore tu trabajo. Además, soy consciente de que Duermevela no es el paradigma de novela premiable, ya que es demasiado larga para ser corta y demasiado extensa para ser breve. Vive en la indefinida frontera entre novelanouvelle. Aún no he decidido si la enviaré a más concursos o si volveré a optar por autopublicarme en Amazon, como ya hice con buenos resultados con Desconexión, mi primera novela.

Por otro lado,  este mes he avanzado bastante en la revisión de mis cuentos. He corregido ya más de una tercera parte y creo que el resultado va a ser mayor (en extensión y también en ambición literaria) que mi primer libro de relatos,  Juicio a un escritor. Estoy releyendo a maestros del género como Hemingway, García Márquez u Onetti con la esperanza de que me influyan sin absorberme. Es un género que me gusta mucho, tanto para leer como para escribir, y me alegra recuperarlo después de un periodo más enfocado en las novelas.

Por último, pero no menor, estoy encantado de participar en el evento bautizado como Cuentos en un cuenco, una especie de competición amistosa que celebra el legendario arte de contar una historia. Espero no hacer un papel demasiado pésimo. Si estáis libres este viernes en Barcelona a partir de las 20:00 horas, os invito a pasaros por la librería Caníbal. La organizadora es una poeta y amiga cuyo blog, Perceber os Pássaros, también os animo a descubrir (sobre todo si entendéis algo de portugués, pero visitadlo de todas formas). ¡Nos vemos!          

miércoles, 26 de octubre de 2016

Mi novela "Duermevela", en la final de un concurso literario internacional


Mi novela Duermevela está entre las diez finalistas del concurso literario internacional convocado por la agencia literaria Punctum. En la edición del 2014 de este mismo certamen, Desconexión quedó entre las cinco finalistas. El 13 de noviembre se anunciará el ganador de este año. ¡Vamos a ver si en esta ocasión mi nuevo libro llega con un premio debajo del lomo!

En todo caso, estoy contento de que el jurado haya vuelto a valorar mi obra. Voy a darme todavía algunos meses de margen antes de pensar en autopublicarme en Amazon. Sin embargo, mi actividad  literaria no se detiene. Ahora estoy revisando relatos que he ido escribiendo en los últimos años, ninguno de los cuales salió publicado en mi libro de cuentos Juicio a un escritor. Tengo casi cuarenta sin editar en papel (unos pocos los he puesto en el blog). Mi intención es revisarlos y seleccionar los mejores para conformar mi segundo libro de relatos. Al releerlos cambio bastantes cosas, a veces incluso el final, y si veo que son claramente fallidos los descarto.  Es una labor exigente pero estoy muy motivado, pues creo que hay buen “material”.

Os iré contando cualquier novedad, ya sea referente a las novelas o a los cuentos. Aunque este año he actualizado el blog menos que nunca, y me da un poco de pena verlo tan vacío de comentarios, me alegra comprobar en las estadísticas que tiene tantas o más visitas que antes. Me parece que la escasez de comentarios se explica en parte por la eclosión definitiva de las redes sociales, donde sí que hay bastante interactividad.  Así que también podemos contactar a través de mis perfiles de Facebook y Twitter.

Un abrazo

jueves, 13 de octubre de 2016

El punto sin retorno


Estoy llegando a ese punto en que cada palabra tuya se convierte en un regalo. El mínimo gesto es un motivo para seguir ilusionado con el mundo. Un aleteo de tu pelo esconde el firmamento. Una nube tóxica se transforma en fuente de besos. El amor se ha convertido en materia de tu piel, en accesorio de tu cuerpo.

Estoy llegando a ese punto de no retorno en el que regreso a ti para encontrarme a mí mismo.


El tiempo es un puente colgado de tus labios. Y me da miedo que sin ti solo encuentre un pozo de cenizas donde ahora hay un alma que late, un corazón consciente de sí mismo.

Quisiera al menos escoger el ritmo por el que caigo al precipicio. Pero no puedo controlar ni la altura del salto: absurdo tobogán de carne.

Hace pocos días vagaba por el rumbo de las líneas rectas, perdido en las llamas de la monotonía. Ahora mi vida es una montaña existencial. Ave de paso, sé que has llegado a mi nido para dejar una estela luminosa en el horizonte.

El único barco que falta por estallar permanece a flote por puro artificio. Podría desvanecerlo con un soplido. Pero me asusta ser la vela que no anhela el viento, el mármol que se desliza por el océano donde estalla un incendio.

El flujo de la escritura ya no sigue otra ley que el tono de tu voz, que permanece más allá del espacio, taladrando el aire sin atravesar mis tímpanos. Y quizá todas las palabras del mundo apenas sirvan para decir que no te quiero; que envidio mi propio amor por ti.

No tengo más remedio que dejarte latir en mi interior. Esperaré con paciencia la señal de que todo es un sueño, que la vida misma es un sueño que a veces merece la pena vivir y, a veces, soñar.

domingo, 2 de octubre de 2016

Aviso para navegantes


12 de diciembre
Después de veinte años dedicándome a la fotografía, me siento decepcionado. Si bien puedo vivir de lo que siempre creí mi vocación, he ido llenando el camino de renuncias tan grandes que me resulta imposible considerarlo un éxito. Soy un fotógrafo profesional, en el peor sentido del término; un funcionario de la cámara, alguien que olvidó para siempre la búsqueda de la belleza.    

26 de diciembre
Debo afrontar los hechos: nunca encontraré en el mundo exterior la foto con la que soñaba de niño; aquella capaz de justificar una carrera polifacética, en el peor sentido del término. Salvo la humillación de perseguir famosos, he hecho casi de todo: fotografía deportiva, paisajística, retratos, fotoperiodismo… y publicidad, mucha publicidad. En el fondo, lo único que he logrado con mi réflex ha sido potenciar marcas, atraer clientes, retocar imágenes para producir efectos y estimular deseos. ¿En qué lugar, en qué tiempo dejé abandonada mi pasión por la fotografía? La fotografía porque sí, como un fin en sí misma, como una forma (mi forma) de abarcar la realidad y expresar mi visión sobre el mundo. Quizá la mejor manera de mantener pura una vocación sea no depender de ella para subsistir.
29 de diciembre
Me temo que ya es demasiado tarde para cambiar de oficio. Pese a que el sentimiento predominante que me provoca la cámara es repulsión, dudo que pudiera sustituirla por otra cosa que aportara los mismos respiros a mi cuenta corriente. Pero tal vez esté todavía a tiempo de atrapar la belleza. Si no he sido capaz de hacerlo con las imágenes del exterior, ¿por qué no intento extraerla de mi interior? Voy a apuntarme a un taller de pintura y veremos.

18 de enero
El ambiente en el taller es deprimente: jubilados, amas de casa, ociosos sin beneficio... Por suerte no he venido a hacer amistades. La pintura es realmente difícil. Acostumbrado a la docilidad y a la inmediatez de mi réflex, los pinceles se antojan bestias indomables. Mis dedos, que nunca vacilaban al presionar el disparador de la cámara, tiemblan al sujetarlos. Y todo cuesta tanto… Este arte evoca un tiempo místico donde la vida seguía un ritmo diferente, donde cada acción implicaba un gran esfuerzo. Los resultados son catastróficos, y ya no tengo el entusiasmo ni la energía de un niño cuya vocación acaba de romper. Sin embargo, no pienso rendirme tan pronto. Los años me han enseñado que mi virtud no es el talento, sino la perseverancia. Hay algo en la pintura que excita un aliento artístico que creía perdido para siempre en mis penumbras.
15 de mayo
Creo haber superado la penitencia de las técnicas. He decidido centrarme en la pintura al óleo. Ni siquiera sabría explicar los motivos. Acaso porque no me pone tan nervioso como la témpera o las acuarelas (y porque tampoco tengo tiempo de explorar todos los estilos). Las técnicas son venas por donde discurre el arte. Sin sangre creativa no contienen nada. Sospecho que mi pulsión se agotará pronto. Debo conseguir al menos un bosquejo prometedor antes de que ocurra. No disfruto pintando, más bien al contrario. Padezco porque sigo sin encontrar lo que busco. Peor aún, sigo sin saber lo que busco. ¿Así cómo voy a encontrarlo? Mis composiciones bucean en los mares de la abstracción. No se parecen a nada que pueda verse en la calle. ¿Capacidad imaginativa o inútil evasión de la realidad? En cualquier caso, tras desperdiciar media vida con la fotografía, merece la pena darle una oportunidad a la pintura.
7 de junio
He dejado el taller. Los profesores ya no podían aportarme nada (por no hablar de los alumnos). Mis conocimientos siguen siendo precarios, pero no aspiro a convertirme en un maestro: tan solo a pintar una imagen que evoque la belleza que he buscado a tientas todos estos años, un rayo de brillantez en medio de la tormenta, una obra que dignifique mi vida y le dé una capa de sentido. A partir de ahora pintaré solo en mi estudio, donde he apartado los utensilios fotográficos como quien se desprende de una piel podrida.
23 de junio
He adelgazado mi horario de trabajo al mínimo indispensable para sobrevivir. Día y noche rumio en mi cabeza la imagen que busco. Experimento con geometría, jeroglíficos, alfabetos extraños. Combino lo imposible. Llevo tres días sin ducharme.
6 de agosto
¿Y si toda búsqueda fuera esencialmente fútil? He atribuido el fracaso a mi falta de talento para la fotografía, cuando no tengo ninguna prueba de que mi talento para la pintura sea superior. De hecho, las evidencias apuntan en dirección contraria. Mi nombre suena en ciertos círculos del mundillo fotográfico, he participado en varias exposiciones en mi ciudad y mis imágenes han aparecido en periódicos de tirada nacional. No he triunfado (sea lo que sea el éxito), pero he vivido dignamente de la fotografía. Sin embargo, sería incapaz de mostrar uno solo de mis cuadros en la más insignificante galería. Incluso definirlos como “cuadros” u obras me resulta vomitivo, insultante para todos los artistas que dejaron pedazos intemporales de su alma en un lienzo. Esa es mi pretensión: legar algo bello que persista en la memoria de los otros. Pero temo que la belleza, si alguna vez me rozó con sus alas, haya echado a volar muy lejos de mí.        
21 de septiembre
A partir de hoy, mi único trabajo será la pintura. He rescindido todos mis contratos y he arrojado el móvil por el desagüe para centrarme en exclusiva en mi labor creadora. Sé que no dispongo de mucho tiempo. Las facturas no tardarán en acosarme y mi aislamiento será violado por bienintencionados amigos y familiares. Pero esta es la empresa de mi vida. Todo lo demás puede y debe esperar.
28 de octubre
Tal vez debería autorretratarme. Si he de buscar la inspiración en mi interior, necesito verme con otros ojos. Porque el espejo muestra un rostro cansado, canoso y desaliñado. Parece difícil que algo bello pueda surgir de un cuerpo como el mío, a la vez flácido y fofo. Pero de poco sirve engañarse a uno mismo. Cualquier retrato solo acentuaría mi depresión. El obstáculo insalvable radica en la mente, saturada de pensamientos negativos. No lo conseguirás, estás perdiendo el tiempo, zapatero a tus zapatos, nunca debiste colgar la cámara, tus cuadros no merecen ni tal nombre, has perdido el último rastro de la belleza.  
23 de noviembre
Todavía dispongo de tiempo. Podría subsistir un par de meses, a base de pan duro y arroz blanco. Pero no tengo ideas. Al contrario, cada vez estoy más lejos de saber lo que persigo. Creo que, desde el día en que mi padre me explicó lo que era una cámara, desde aquella mañana de primavera cuando se la arrebaté de las manos para redescubrir con ella el mundo, no he hecho más que apartarme de la belleza. No soy uno de los elegidos para encontrarla. Por supuesto, no toda búsqueda es inútil. Muchos hombres y mujeres la han hallado en formas diversas y han sabido plasmarla con maestría. Quien tiene algo que expresar, algo que rescatar del mundo o de sí mismo, descubre la manera de hacerlo. No es mi caso. Daría igual si me dedico a la literatura o a la música. Aún soy capaz de apreciar lo suficiente el arte para darme cuenta de la radical diferencia entre un artista y yo. Quizá debería convertirme en un crítico lo menos frustrado posible.    
12 de diciembre
Un año después concluyo estos apuntes deslavazados, crónica de un predecible fracaso. Al releerlos me sorprende la ingenuidad de mi esperanza, la aparente sinceridad del impulso que me llevó hasta aquel taller de pintura. Ahora me siento mucho más tranquilo, libre de toda ambición insana. Que a mi edad haya alumbrado semejantes disparates me causa cierto apuro. Pero la locura no es tan grave si uno consigue reconducirse a tiempo. Solo espero volver sin estridencias al raíl del que quise descarrilar. Mi fiel réflex, que asume mis errores sin despecho, ya está lista para regresar a la acción. Y este cuaderno estaría listo para ser quemado. Sospecho, sin embargo, que a algún infeliz pudiera convenirle su lectura. Por ello, en el último instante, retengo la llama.


miércoles, 10 de agosto de 2016

Hayedo de Jordá




Hundir los pies en hojas como espuma,
no ver nada de lo que se oye
salvo los troncos detenidos
en el eterno paso de su danza.

Tus propios pies te acechan
en el velo apenas rasgado del misterio.
El brillo del diamante palidece ante la luz acrisolada
con que baña a su antojo el sol
las ramas de los árboles.

Hago amistad en el camino con las mariposas.
Amantes inconstantes,
te acompañan fielmente
hasta que perciben en el aire un rumor ignoto
e invierten el sentido de su vuelo.

Y al volver a lo que llamamos civilización
te embargan mil pesares.
Sientes haber dejado algo de ti en una rama del bosque:
tal vez la mejor parte.

martes, 19 de julio de 2016

Prosa alcohólica



Intento escribir pero la punta de todos los bolis está gastada. Se me ha secado la saliva por contener el beso. De mi lengua saltan notas discordantes que buscan el amparo de tu nombre. Quisiera ser un rio desbordándose en tu cuerpo, afluente mayor de tus venas.

El mar te mira directamente a los ojos, con la fiereza de una ola que planea venganza. Tus ojos aceptan el duelo; a mí me duele más una lágrima tuya que la posible pérdida del mar entero.

Dibujo tu cara en mi sonrisa. Te mezco en el parpadeo de un barco. Te hablo desde el corazón de una lengua muerta: sonidos indescifrables que no pueden expresar lo que siento.

La inspiración termina cuando empieza el amor. El último guiño que me concedió el lenguaje ha servido para crear un monstruo. La dulce música de tus labios seca mis versos y entierra mis palabras. No puedo escribir sin notar tu presencia, que avasalla mis huesos. Has pulsado la tecla que marca el final del juego.

Me invento una bebida en cada trago, un verso en cada rasguño en la pared. La simetría de mis manos se ha roto en un suspiro de la niebla que nunca me ha dejado traspasar tus ojos. Me pita el corazón con un mensaje incomprensible. No escribo versos sino líneas en tu pelo; beso el dedo que señala el camino oculto hacia tu cuerpo. 

Que nadie me culpe por la estupidez de mis actos. Tengo la excusa perfecta para no justificarme. No soy consciente de lo que hago, pues un ángel me ha visitado para bendecir mis pecados.

La aurora se transforma en un cisne con alas de acero. He perdido el ritmo que riega mi cerebro; he visto metáforas que llenarían la noche de catástrofes.

El cero absoluto es el futuro infinito. 

La antología de la noche invoca sueños que se cumplieron de costado. Cada amanecer se quiebra en un arcoíris múltiple. La luz de la ventana se refleja en el espejo hundido en el lago de mis lágrimas. En un suspiro contengo todas las voces que no quieren decir nada.